Es interesante ver como las nuevas generaciones de aficionados a los deportes de motor en Costa Rica, a pesar que quizás muchos ya no tuvieron el privilegio de verle competir, siguen mencionando el nombre del señor Roy Valverde Pacheco con enorme admiración y respeto. No es para menos, pues a pesar que otro muy calificado fue nombrado piloto del siglo XX en nuestro país, habría que poner sus historiales lado a lado y analizarlos en detalle. Roy ganó la 1era edición de las Tres Horas de Costa Rica, obtuvo siete títulos Nacionales Absolutos, participando en categorías tan diversas como autos GT, Mecánica Nacional y Fórmula SP, más un Campeonato Nacional Absoluto de Autocross, junto con el Centroamericano en Fórmulas y Prototipos de 1974. Casi nada. Y para que vean que un rayo si puede caer dos veces en el mismo lugar, por si no saben el hermano mayor de Roy, don Jorge Arturo, también fue un notable volante que tiene en su palmarés el Campeonato Centroamericano de Turismo Modificado de 1975 y ganar en solitario las 3 Horas de Costa Rica de 1977 (las de verdad, cuando realmente eran tres horas), con un BMW 2002. El talento para los deportes de motor abunda en la familia Valverde, ya que su otro hermano Luis Diego participó varias temporadas en el campeonato de Motocross Nacional, y tras su retiro del mundo de las dos ruedas Bernal participó en Rallies como copiloto por muchos años.
Es por lo anterior que aquí en Ticoracer vamos hacerle un humilde homenaje al piloto/constructor más creativo e inquieto de nuestra historia, con una reseña de los autos que hicieron de él lo que es hoy, aparte de ser factor influyente en la carrera de sus destacados hijos Emilio y Roy Jr.
Para empezar les contamos que su herencia le viene desde varias generaciones atrás, ya que su abuelo Oscar Valverde Carranza en el año 1919 fue el primer presidente del Auto Club de Costa Rica. Años después, cuando asistía a la escuela Buenaventura Corrales ya se animaba a hacer el viaje desde su casa en moto. Cuando algunos chiquillos soñaban con ser futbolistas, ya Roy hacia sus primeras armas corriendo motos contra algunos de los nombres más tradicionales del deporte de las dos ruedas, como por ejemplo Carlos (Tuta) Cortéz y Bernardo Laitano.
Sin embargo, siendo aun adolescente quedo prendido de los carros cuando participó en su primer rally como navegante de Miguel Ángel Ramírez. Ya no había remedio, fue como presentarle Tokio a Godzilla, pues el uno no se puede separar del otro, y todo quedó para que el joven se convirtiera en uno de los mejores de la historia. Aunque en ocasiones tuvo que correr con autos ajenos, en cada oportunidad demostraba que su talento subía como la espuma, cosa que por otro lado sacó roncha a varios de los pilotos ya establecidos en esa época, ya que nadie esperaba que un carajillo les ganara, como cuando se impuso en el Gran Premio Argentina (el gigantesco ingenio azucarero de Gracia, Alajuela) en agosto de 1968.
Lo suyo se hizo tan impresionante que cuando fue a Inglaterra, supuestamente para estudiar, Roy logró ir a clases de pilotaje en las destacadas escuelas situadas en dos de los circuitos más importantes y famosos de Gran Bretaña, Brands Hatch y Silverstone. Ahí sus sueños de convertirse en piloto de la máxima categoría por poco se materializan, pero como suele ocurrir, para dar el paso final se necesita algo más que suerte o talento, sino mucho dinero. Fue este factor el que impidió que su meteorito ascenso tuviera un justo reconocimiento. Al no poder seguir en Europa, Roy regresó al terruño con la cabeza y las manos llenas de automovilismo, y gracias al respaldo del representante de las principales marcas británicas en nuestro país, el Almacén Electra, tuvo como demostrar su innegable talento.
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Su primer carro al regresar de Inglaterra fue un Sunbeam Imp, traído al país para Luis Diego Escalante, Gerente General de Almacén Electra y preparado por Frazier. Tenía caja de cambios racing de cinco velocidades, y una joyita en el compartimiento del motor: un cuatro cilindros en línea de 1000 cc, capaz de desarrollar 115 HP y girar a 10.000 RPM, ubicado en la sección trasera, alimentado por dos carburadores Webber de 40 mm. Este motor era en realidad una bancada del V8 Climax, de fama internacional gracias a la Fórmula 1 y pilotos del calibre de Jim Clark, quien obtuvo sus dos títulos mundiales con dicho impulsor.
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Detrás del recordado Pescado, apodo del Sunbeam Imp estuvo gente del propio Almacén Electra. Resulta que Luis Diego Escalante pidió le colocaran a cada lado de los laterales traseros una toma de aire (scoop), para mejorar el enfriamiento del motor. Una vez hecho el trabajo por un mecánico de la compañía, uno de sus compañeros dijo que se veía como un pescado, salida que inspiró a otro mecánico que además era muy bueno pintando. Puso manos a la obra y rápidamente pintó un pez a ambos lados del carro. De mas está decir que desde que lo llevaron a pista la gente empezó a tratarlo con el sobrenombre, mismo que aun vive en la memoria de muchos que lo vimos correr. Sin embargo, a la hora de competir nada era en broma. La combinación del motor Climax, excelente reparto de pesos y en sí lo poco que registraba en la bascula fueron factores que hicieron de este carro un rival incomodo y difícil de batir. Otros con carros más grandes y potentes simplemente no podían con el pequeño Sunbeam 00 de Roy, carro de tanta agilidad que más bien parecía un kart con carrocería.
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En esos años Almacén Electra era la empresa automotor mas fuerte del mercado nacional, y gracias a los éxitos de Roy se mantenían a la cabeza. Por ello John Scofield, presidente del grupo comercial viajó a un auto show en Inglaterra. Ahí tuvo contacto con los personeros de la firma Davrian, fabricantes de un interesante modelo coupe sumamente ligero y competitivo. De inmediato se pusieron de acuerdo para la compra de dos vehículos, los que iban a ser destinados al campeonato nacional. El Davrian seguía la filosofía iniciada por Colin Chapman, donde primaba el bajo peso sobre la fuerza bruta, por lo que la estructura era un monocasco realizado totalmente en fibra de vidrio con refuerzos de metal en las secciones en las que se fijaban elementos mecánicos como suspensiones, caja de cambios y el motor. Este último era parte importante del brillante desempeño general del carro, ya que su impulsor era idéntico al del Imp, el medio Climax, solo que en este carro tan liviano nada mas imaginen la excelente relación peso/potencia.
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Otro detalle era que el Davrian en sí no tenia asientos, sino que el espacio para el piloto y acompañante eran zonas huecas moldeadas. Y como punto final, Roy fue el que eligió el nombre de Electra Boruca, como un homenaje a la compañía y por nuestros antepasados indígenas. Desde el primer momento en el carro fue puesto a prueba demostró estar en una liga muy superior al Imp, por lo que este último fue dejado de lado para que Roy continuara la campaña en el veloz Boruca.
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Desde a su llegada al escenario competitivo nacional el carro dio mucho, sino demasiado, de que hablar. Roy pasó como una tromba ganando una carrera tras otra, dominando a voluntad el escenario donde se realizara alguna competencia, y claro está, recolectando títulos nacionales consecutivos. Pero tanto desempeño tuvo sus consecuencias. En 1972, en la conocida prueba en Llano Grande de Cartago, en prácticas Roy subía con ritmo muy superior al de Oscar Solera, un buen piloto de esa época y que en ese momento iba delante de él, y de hecho lo alcanzó como a medio camino de la trepada. Roy vio un espacio para superar el auto de Oscar y este, sea porque levantaba mucho polvo y la visibilidad hacia atrás era muy pobre, o alguna otra causa, lo cierto es, que ni lo sintió llegar y se movió exactamente hacia el punto por donde Roy estaba superándolo….y se tocaron. Hubo varios factores físicos que intervinieron en el toque, pero lo cierto del caso es que el Electra Boruca salio despedido por el aire, dio varios tumbos y volteretas para finalmente quedar destruido a un costado del camino, pero gracias a Dios el piloto sufriendo solo el gran susto y uno que otro golpe leve. Un choque de semejante calibre hubiera acabado con las aspiraciones de cualquiera, pero afortunadamente Roy es un hombre previsor desde muy joven, y dada su experiencia prefería tener dos de todo: cajas de cambios, motores e incluso carro. Como el Electra #1 fue el que se destruyó, pues nada mas tuvo que utilizar el segundo, que estaba con el mismo grado de ajustes. Gracias a su malicia pudo seguir en el campeonato y ganarlo.
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Las actividades siguieron su rumbo, al igual que el torneo local. Una constante en cualquier piloto competitivo es el continuo ajustar y cambiar piezas y todo tipo de regulación para mejorar el desempeño del carro. Claro está, Roy es uno de esos individuos. Un sábado, mientras realizaba pruebas con el carro, como en esos años no se disponía de autodromo, era frecuente que los pilotos tuvieran que comprobar si los cambios efectuados funcionaban como se esperaba en las calles, y precisamente Roy hizo varios ajustes en el Boruca, así que salió a probarlo. En la casa de Jorge Arturo había una fiesta, y varios de sus invitados no pudieron resistir la tentación de pedirle a Roy que les diera una vuelta en nada menos que en el carro Campeón Nacional. Por su naturaleza afable no pudo negarse, y así que les dio a varios una probadita de las capacidades del carro, pero por esas cosas del destino, con uno de ellos algo salió mal y se llevaron algo más que el susto de su vida. Resulta que el pedal del acelerador tenía una pequeña extensión para que el pie del piloto no se deslizara, y en un momento dado, el pasajero clavó los pies contra el fondo del carro, quizás para afianzarse ante la proximidad de una curva, pero al hacerlo presionó la latita en el pedal y el carro quedó acelerado a fondo. Ante la inminencia de un choque muy fuerte contra el paredón de una propiedad situada a un costado de la carretera, Roy intentó cuanto estuvo a su alcance para reducir la fuerza del impacto, pero aún así golpearon realmente duro. El carro literalmente voló en pedazos, y por la fuerza del impacto el pasajero salió despedido del carro con todo y asiento, dando tumbos en la calle pero milagrosamente ileso. Todo esto hubiera quedado en una asombrosa anécdota de no ser porque Roy quedó seriamente herido en su brazo derecho. Fractura expuesta y ligamentos desgarrados fueron el resultado del choque. Al ver la forma tan horrenda como el carro golpeó contra el muro y se deshizo, todos los que estaban en casa de Jorge Arturo corrieron hacia lo que quedó del auto, donde Roy estaba atrapado. Entre su hermano y amigos lo extrajeron de los restos del Electra Boruca, lo subieron a un auto particular y de inmediato partieron a toda prisa hacia un hospital privado en Guadalupe. Tras una operación lograron corregir las lesiones, pero un piloto con un brazo enyesado entraría en plena desventaja contra sus rivales, sobre todo porque el torneo de 1973 fue uno de los más peleados de la historia nacional.
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Roy realizó un gran esfuerzo de medios y personal por mantener vivos sus sueños de convertirse en tri-campeón nacional tras el accidente, pero ya había perdido una fecha vital para sus aspiraciones, aparte que enfrentaba fuerzas superiores, como el BMW 2002 Schnitzer de su hermano Jorge Arturo y el recién llegado Toyota Levin de Freddy Alvarado. La llegada de esas maquinas fue el resultado del dominio que Almacén Electra y Roy mantenían sobre el campeonato, lo que hizo que otras compañías tomaron la iniciativa de conseguir autos del mismo calibre, o incluso superiores. En ese torneo en especial el Electra ya se notaba ligeramente superado al compararlo con los recién llegados, pero aun así un Roy convaleciente trató de mejorar las prestaciones del Boruca al cambiar el pequeño pero eficiente motor de 1 litro por el 1,8 del Sunbeam Vogue, junto con reducirle peso al eliminar el techo, pero la formula realmente nunca funcionó como esperaba y a pesar de que luchó hasta el final, tuvo que resignarse a perder el título de 1973. Verse superado técnicamente (no por capacidad conductiva), junto con lo difícil que se hacía darle mantenimiento al delicado chasis sintético del Boruca hizo que Roy lo dejara de lado definitivamente y volviera al torneo nacional con el “Pescado”, el Sumbeam Imp, carro que le permitió mantenerse competitivo…..hasta que nuevos proyectos, aún más ambiciosos, llenaran su cabeza, y sobre todo que pusiera manos a la obra para materializarlos.
NOTA: todo el material gráfico que acompaña este artículo es por cortesía de la colección personal de don Roy Valverde.
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